vuelta a mi absurda y pequeña rutina.
lo más relevante del día es mi discusión con un bibliotecario (quizá sea mejor decir funcionario que curra en una biblioteca municipal de esta ciudad hostil con las bibliotecas) acerca de un ejemplar de Cumbres borrascosas que no es el que aparece en el catálogo. yo buscaba la traducción de Carmen Martín Gaite y me encuentro con una edición en la que no aparece ni el nombre del traductor. no he podido conseguir que borren el registro erróneo o creen uno que corresponda al ejemplar que poseen, e incluso han rechazado mi oferta de catalogarlo yo misma. aggg, no puedo, no puedo, no puedo con tanto incompetente reciclado en las bibliotecas de este país.
después de este altercado banal pero harto importante para una TOC como yo he ido a mi clase de yoga donde la mística profesora nos ha entregado una carta del ángel (???) a cada uno: la mía contiene dos palabras, Fe y Determinación. he pensado que eran muy apropiadas, sí. creo que mi falta de fe es quizás el más grave de mis problemas.
y para culminar este día cuasi bíblico decido elegir mis próximas lecturas mirando las fotos de los autores del catálogo de Salamandra: elijo las fotos que parecen más antiguas, sólo encuentro tres, todas mujeres británicas, todas muertas. me froto las manos. ahora sólo falta encontrarlos en las bibliotecas (sin fondo).
y así cerramos el círculo.
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11 enero 2016
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Noel Streatfeild
06 septiembre 2013
29 julio 2012
"'En realidad yo nunca quise ser un escritor', escribió el inglés John Fowles (1926-2005) en la introducción a Wormholes (1998), su último libro publicado en vida -una recopilación de ensayos y obsesiones que incluía apreciaciones de su ídolo literario, Thomas Hardy, y de su novela favorita, El gran Meaulnes, de Alain Fournier-, (...)."
después de la marabunta de mujeres con las que he convivido en las últimas semanas recupero mi soledad en el jardín egoísta de Chi. y me descubro feliz, al sol, bajo el cielo, con viento y nubes y leyendo, leyendo, o al menos con esa necesidad adolescente e insaciable de leer, de amontonar libros en las mesas del jardín, siempre con un lápiz cerca. no puedo imaginar mejores vacaciones (salvo aquellas gallegas de mi infancia y con mi madre).
los vencejos se han ido ya. duermo mal. sobrellevo el mono mejor de lo que imaginaba. mi cabeza va a mil por hora, siempre fui rápida de pensamiento pero ahora compito contra mis mejores marcas.
a mí me gustan Fowles, Alain-Fournier y Hardy, sí, los tres entre otros muchos.
las obras de las hermanas Brontë están prestadas en la biblioteca de León: alguien está estudiándolas a fondo, intuyo. reservo algunos ejemplares y espero mi turno. atesoro más libros en estas tardes plácidas de los que seré capaz de leer en meses: es mi pequeño e inocuo placer de urraca en este verano agridulce.
y cada noche una película.
Rodrigo Fresán, ABC Cultural, 28 de julio de 2012
después de la marabunta de mujeres con las que he convivido en las últimas semanas recupero mi soledad en el jardín egoísta de Chi. y me descubro feliz, al sol, bajo el cielo, con viento y nubes y leyendo, leyendo, o al menos con esa necesidad adolescente e insaciable de leer, de amontonar libros en las mesas del jardín, siempre con un lápiz cerca. no puedo imaginar mejores vacaciones (salvo aquellas gallegas de mi infancia y con mi madre).
los vencejos se han ido ya. duermo mal. sobrellevo el mono mejor de lo que imaginaba. mi cabeza va a mil por hora, siempre fui rápida de pensamiento pero ahora compito contra mis mejores marcas.
a mí me gustan Fowles, Alain-Fournier y Hardy, sí, los tres entre otros muchos.
las obras de las hermanas Brontë están prestadas en la biblioteca de León: alguien está estudiándolas a fondo, intuyo. reservo algunos ejemplares y espero mi turno. atesoro más libros en estas tardes plácidas de los que seré capaz de leer en meses: es mi pequeño e inocuo placer de urraca en este verano agridulce.
y cada noche una película.
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