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12 septiembre 2019

(16 años sin ti)

Últimamente dedico horas y horas
a mirar a mi madre.
Su lentitud y su tesón
para buscar las gafas,
para buscar las llaves,
para buscar lo que necesita.
Aprendo el modo de buscarla a ella,
para cuando me falte.


Begoña Abad, Diez años de sol y edad (Antología 2006-2016)

[gracias, Vir.]

12 septiembre 2017

(hoy hace 14 años que mi madre se murió de repente)



"Si muriera mi madre de repente. Mi madre se está muriendo ya. Mi madre se olvida de cosas y se olvida de palabras fáciles. Mi madre está en el pueblo, sé que está allí, hablo con ella por el wasap, sé que está bien, que se va a jubilar, que empieza una nueva etapa, que se va de vacaciones, que los nietos bien, que mi hermana bien, que mi padre bien, con sus cosas, pero bien, que mi abuela mal pero es que mi abuela tiene 88 años. Mi madre tiene 62. O 64. No sé la edad de mi madre. Si se muriera de repente sí sabría la edad a la que se muere. Me pregunto qué se siente cuando se te muere una madre, no una madre, la madre, tu madre, cuando se muere aquello de donde vienes, el estómago, el útero, el cordón umbilical de sus manos en las tuyas, de su olor al abrazarte, hola hijo, qué tal el viaje, ten cuidado. No quiero que mi madre se muera, pero se morirá, como se murió la madre de mi padre, como se murió el padre de mi madre. Imagino una llamada de mi hermana, se ha muerto mamá. No puede ser. Mi madre me hacía un vaso de leche caliente por la noche cuando la despertaba a las 2 de la mañana, mi madre me llevaba al médico, mi madre me limpiaba el cuerpo, me vestía, me ataba los cordones, me daba la mano para cruzar la calle, me besaba las heridas, me cantaba canciones aunque decía que no sabía cantar. Quiero mucho a mi madre. Cuando ella muera mi vida será parte de su vida. Mi madre vivirá en mí. Ahora mi madre vive en ella, en su cocina, en su ir a misa cada tarde, en su sentarse al lado de su madre por la noche para que se tome las pastillas, en su regañar a mi gata, en su enfadarse con mi padre. Mi madre tiene su vida y sus varices en las piernas. A mi madre le gusta la limpieza y le gusta el orden, quita los pelos de la cama de uno en uno, barre las pelusas del salón de una en una, le pedía a los médicos que le apuntaran las cosas que decían porque si no se le olvidaban. Mi madre no es de mucho recordar, es de mucho sentir, de mucho querer, de mucho pararse a hablar de cualquier cosa con cualquiera. Cuando mi madre muera, mi madre seré yo, de pronto tendré un gesto, una forma de poner la mesa o una forma de peinarme que me recordará a ella, y ella será ese gesto y ese peinarme, esa mitad de mí será mi madre y cuando hable y no recuerde bien algunas cosas sabré que es mi madre quien no se acuerda bien, y sonreiré, y pondré mi mano en el pecho y diré hola, mamá, qué bien tenerte cerca, te quiero mucho, gracias por estar aquí, en mí, gracias por todas estas células, gracias por el temblor de manos que es tu temblor de manos, gracias por mirar el mundo con mis ojos, gracias por serlo todo para mí, gracias por escuchar mis poemas en la cocina, gracias por escuchar mis cosas en el dormitorio mientras planchas, gracias por enseñarme lo que consideras que está bien, gracias por intentar solucionar mis problemas, por hablar con los profesores, por darme medicinas, por cambiar mis sábanas cuando me hacía pis en la cama, gracias por llevarme a la peluquería, gracias por hacerme los disfraces del colegio, gracias por alabar todos mis dibujos, todos mis poemas, todos mis libros, gracias por abrazarme cada vez que quieres abrazarme, gracias por darme toallas limpias, gracias por los millones de veces que has comprado carne para mí, pescado para mí, gracias por obligarme a comer tantas verduras, gracias por la piel, por la sonrisa que es mi sonrisa, por tu nariz que es mi nariz, gracias por decirme hijo mío. Mamá mía."


Manuel del Barrio Donaire

04 mayo 2017

(felicidades, mami)

"Cuando contemplo ahora algo que posee un encanto especial (el cambio de las estaciones, un pájaro de vivos colores, los ojos de las orquídeas, el agua al oscurecer, un cardo, un cuadro, un poema) me siento obligado a rendir un breve tributo a mi madre. A veces me forzaba hasta el límite de mi resistencia. Pero ahora sé que por mediación de su espíritu despreocupado absorbí desde mi nacimiento la tierra entera."


Laurie Lee, Sidra con Rosie
[traducción de José Manuel Álvarez Flórez y Ángela Pérez]

12 septiembre 2016

(13 años)

"Me duelen todos los caminos recorridos con mi madre; la muerte, tan cabrona, nos expulsa de todas partes."


Milena Busquets, También esto pasará

04 mayo 2016

bienvenidos al silencio



Mantener en el buzón el nombre de quienes vivieron con nosotros para que sigan viviendo entre nosotros. Amueblar así, silenciosamente, la soledad que nos rodea.

 

Isabel Bono, Hielo seco

04 marzo 2016

"Lo increíble del bolso de mi madre es que necesites lo que necesites, sea cuando sea, lo tiene.

(...)

Quiero tanto a mi madre... No me importa si es cursi decirlo. Creo que en mi próximo cumpleaños voy a comprarle un regalo. Creo que esa debería ser la tradición. El hijo recibe regalos de todo el mundo y él compra uno para su madre, ya que ella también estuvo allí. Creo que sería bonito."


Stephen Chbosky, Las ventajas de ser un marginado
[traducción de Vanesa Pérez-Sauquillo]

04 enero 2016

sueño que voy a una universidad-colegio en Francia, de intercambio escolar. mi francés es muy limitado. de repente el colegio se hunde como el Titanic. me preocupan los muchos bultos de equipaje que llevo conmigo. cuando se retiran las aguas estamos colgados de las rocas de un acantilado, somos un grupo numeroso de supervivientes. tardan 216 días en rescatarnos, problemas de papeleos. mi ira no tiene límites, maldita burocracia. sin apenas moverme de mi huequito en la roca vigilo preocupada mi equipaje desperdigado. mis amigas parecen estar a gusto en la espera. sé que mi madre estará presente en el rescate. sólo quiero cambiarme de ropa y ducharme.
estoy muy, muy enfadada. ("al menos te enfadas en tu sueño", dice Chi.)

anoche cené salmón y pepinillos, de nuevo verde-naranja.

03 diciembre 2015

"Rutina, madre, hermana, mujer. Escribes estas palabras para ser tú. Escribes estas palabras para decir yo."


Mary Ann Clark Bremer, Cuando acabe el invierno
[traducción de Hugo Bachelli]

29 agosto 2015

"Soy un fraude de adulto, todos mis esfuerzos por salir del patio de recreo son estrepitosos fracasos, siento exactamente como sentía con seis años, veo lo mismo, (...) Todos vemos cosas distintas, todos vemos siempre lo mismo, y lo que vemos nos define absolutamente. Y amamos instintivamente a los que ven lo mismo que nosotros, y les reconocemos al instante. (...) Lo que pensamos no es tan importante, es lo que vemos lo que cuenta. Entregaría sin dudarlo mi patética corona de adulto de cartón piedra, que llevo con tan poca gracia, y que cada dos por tres se me cae al suelo y se escapa rodando calle abajo, por volver al asiento de atrás del coche de mi madre, (...)"


Milena Busquets, También esto pasará

23 julio 2015

(un vencejo caído ha provocado toda esta ansiedad)

"En eso pensaba mientras volvía a casa. Que yo tenía que ser mi propia madre. Al menos un día en toda mi vida. Tenía que hacer por mí lo que hubiera hecho si yo hubiera sido mi hija. Aunque fuera una pesada de cojones. Aunque fuera una llorona."


Anna Gavalda, Billie
[traducción de Isabel González-Gallarza]

04 mayo 2015

feliz cumple, mami

“Ya no puedo abrir un libro sin desear ver tu cara de calma y de concentración, sin saber que no la veré más y, lo que tal vez sea incluso más grave, que no me verá más. Nunca volveré a ser mirada por tus ojos. Cuando el mundo empieza a despoblarse de la gente que nos quiere, nos convertimos, poco a poco, al ritmo de las muertes, en desconocidos. Mi lugar en el mundo estaba en tu mirada.”


Milena Busquets, También esto pasará

28 octubre 2013

mi madre y las ardillas

estos días sueño a menudo que vivo en casa de mis padres (una casa que no es la auténtica casa familiar) y sin embargo me desconcierto, en mi sueño, porque sé que tengo una casa propia pero no recuerdo ni dónde está ni por qué no la habito.
está claro que es mi miedo a tener que dejar probablemente mi casa lo que me lleva a soñar esto casi cada noche. y me pregunto por qué me aterra dejar una casa que apenas siento como mía en una ciudad que no es mi lugar.

y cada vez más a menudo me vienen a la cabeza pequeños recuerdos de un pasado que me parece impropio: yo, la amnésica de tan buena memoria, recuerdo cosas nimias e intrascendentes, como la primera vez que oí a los Smiths en un tren hacia París en una cinta grabada por Ramón, o cómo eran mis desayunos de pan gallego recién hecho y mantequilla casera en los veranos de mi adolescencia, o mis botas de agua amarillas cuando recogía fresas en Escocia o...
me gusta recordar que existió otra persona tan real o más que la actual, otra que fui yo. qué vértigo. que no sólo existe la abrumadora y dolorosa realidad de esta que soy yo ahora desde hace unos años, este yo gris y sin sueños.

recordar es otra forma de soñar.

y hoy recuerdo (recuerdo ficticio pues yo no estaba allí) a mi madre desayunando cada mañana en el Retiro, compartiendo su pan con las ardillas descaradas que solían vivir en ese parque hace años. y me pregunto qué soñaría mi madre, qué desearía, qué sentiría, mi madre como mujer, la mujer llamada Alicia, una mujer que no conocí, que no voy a conocer jamás.
y sí, quizás no estemos tan lejos mi madre, las ardillas y yo, quizás estamos sentadas en el mismo banco, esperando que se acabe el desayuno para levantarnos y sacudirnos las migas.

12 septiembre 2013

"Mi mejor amiga fue mi madre. Inteligente, paciente, relajante, razonable, exquisita, sutil, tan ordenada y útil como una araña. Mis arañas son una oda a ella."

Louise Bourgeois

[vértigo e incredulidad: 10 años sin mi madre.]

10 mayo 2013

he soñado con mi madre, con nuestra antigua vecina María Luisa y con su perrina Laika. mi madre llevaba el pelo largo, vivía en una casa abigarrada y llena de humedad y siempre tenía mucho frío.

al despertar me he dado cuenta de que las tres, mi madre, María Luisa y Laika, están muertas.

15 abril 2013

lunes al sol (¿y las hormonas?)

mi patio está espectacular.
no tiene mesa.
pero me siento en una silla baja de mi abuela y miro y escucho, espío al mirlo y al abejorro azul, y lloro y sonrío y vuelvo a llorar y me corto las uñas una vez más.
qué afortunada de poder disfrutar de un espacio así en mi propia casa.


lo único que añoro y envidio de beluga es su levedad del ser, su devenir sin lastres, su contagiosa capacidad de crear y compartir belleza y juegos.
y no lloro por mi extinta vida con beluga, ni por mi madre muerta, ni por mis días huecos al sol, ni por mi precariedad económica, ni por mis dolores crónicos, ni por sentirme un moco interestelar, ni por estar perdida en un limbo que reconozco como propio: lloro por mi eterna insatisfacción, mi desarraigo, mi alienación, propias de mi (yo-)esencia, pesadas como el ancla de cualquier titanic hundido y mohoso, verde-glauco.

14 abril 2013

domingo de sol (y los infinitivos)

día de limpieza y silencio nuclear.

vuelvo a escribir en mi viejo ordenador, en el que antes fue de beluga, el primer regalo sorpresa que le hice.
es raro estar aquí sentada, en este estudio que ahora está a la mitad, que sigue estando semivacío. descubrir fotos y vídeos y vidas que formaron parte de la mía, que fueron más yo que yo misma y que ya no lo son ni serán, a través de facebook: facebook es el mal cuando te sientes una extraterrestre.

saber que tu vida no va a ser tan completa como la vida que observas en pequeños retazos filmados, saber que ya no vas a ser tan feliz nunca. que dos años, once meses y catorce días después sigue doliéndote algo que suponías cerrado, suficientemente penado y clausurado. observar cómo otra vida te parece tan redonda, tan crecida e impecable y cómo sientes que la tuya está exactamente igual que al principio de los tiempos: ¿qué principio?

que mi hermano me corte el pelo delante de un espejo, en el mismo lugar en el que durante tantos años mamá me lo cortó cada veinte días con su paciencia infinita, que me dé vueltas la cabeza del vértigo, que mi pelo recién cortado sobre el suelo sea incomprensiblemente tan blanco.

todo reluce con los nuevos cristales de mis gafas-sin-rayar y mis 0,50 dioptrías de más. el sol impoluto después de semanas de lluvia ayuda. mi casa limpia, el patio barrido, los 43 (de)lirios apuntando, las lilas a punto de reventar, una ducha, mis uñas cortas, un pijama limpio y este silencio ayudan.

descubrir que Kirmen Uribe publica un nuevo libro y recordar lo mucho mucho que me gustó su libro de poemas.

volver a estar en paro, volver al pijama y al encierro.

saber que alguien a quien adoras está sufriendo por tus actos y por tus ausencias y sentirte deshecha e incapaz de consolar(nos).

sentirte tan querida y, aun así, seguir añorando.


la cerradura de la puerta de casa, que antes daba tres vueltas, ahora da cuatro; y pienso en la magia en la que no creo, esa magia que a veces sucede en los objetos y te intriga lo suficiente como para rozar la tentación de creer que nada pasa por casualidad.

03 diciembre 2012

(un día cualquiera)

salgo de casa y me saluda el barrendero que no para de barrer miles de hojas caídas. le digo que, si por mí fuera, no tendría que barrerlas, que me gustan los suelos llenos de hojas. mañana más de lo mismo, se despide él.

de camino al metro me saluda una de las dos vecinas que asistió a la incineración de la abuela y se para y me pregunta cómo estoy mientras yo intento recordar su nombre. Azucena, creo, sí. Azucena.

(el 20 de noviembre me di cuenta a las ocho de la tarde de que ese día hacía un año que la abuela había muerto. me sentí repentinamente tan culpable y tan angustiada de no haberlo recordado desde por la mañana que torpemente recé un padrenuestro que inventé en su cuarta parte. te debo una misa, abuela, lo sé, perdona mi desidia atea.)

sonrío mientras me aproximo a la boca del metro: porque no soy invisible he sido abordada amablemente por dos extraños en menos de diez minutos.

sol y frío.

en el metro, alguien canta a la guitarra Fina estampa. me sobreviene la imagen de mi madre como un rayo, junto a María Dolores Pradera: mamá le hubiera dado dinero, eso hago. ahora siempre llevo monedas sueltas en el monedero para todas las personas que piden en los vagones, cada vez más, varias por cada trayecto. ayer pedía un chaval que lloraba. me pregunté si fingiría su llanto. su trabajo consiste en dar pena, llorar lo máximo posible para dar más pena. o llora sin más porque no puede hacer otra cosa. qué mierda de mundo.

el panorama sigue empeorando al llegar al centro, cada día cruzo Preciados y Sol para llegar a mi trabajo y soy asaltada (¡obvio, he resultado no ser invisible!) por encuestadores, mendigos, captadores de ONGs, guiris... es difícil ir despacio, los abordajes son aún mayores.

cómo me duelen las rodillas.


¿qué hago yo aquí? es hora de dejar Madriz, me digo agobiada.


las náuseas, el virus, mi dolor de tripa: compañeros de toda la semana.

13 septiembre 2012

ayer compré esta lechuga navarra y no dejo de mirarla. no creo que me la coma. es perfecta.

estoy cantarina. es raro en mí y mola. pero como no me sé ninguna canción tengo que buscar las letras en internet y mirar la pantalla para cantar, eso obviamente me corta el rollo histriónico tipo Chris

los días de este septiembre son preciosos; creo que te gustarían, mamá.

decido (¡cómo si yo pudiera decidir algo así!) no escuchar más a mi cuerpo que me devuelve dolor un 85% de las veces: hasta que no experimente placer no te haré más caso, queda dicho.
(ay, ingenua de mí.)

el mono me ha devuelto las lágrimas. lloro por casi todo. estoy contenta de volver a llorar. me recuerda que sigo siendo un pez.

12 septiembre 2012

(9 años)

David Montgomery, Lucien Freud junto a su madre

"Qué palabras, qué medios puedo utilizar para retratar su sonrisa en la puerta de casa. Dime, madre, desde el otro mundo, desde el paraíso, desde las nubes, desde donde estás, ¿mi amor te consuela?"

Marc Chagall

08 septiembre 2012

"En una ocasión Sidonie [madre de Colette] le escribió que, por desgracia, no podía ir a verla, ya que su cactus rosa florecería próximamente. 'En nuestro clima ―le decía― sólo da flores cada cuatro años. Soy ya una mujer muy anciana, y si partiera ahora, sin duda no lo vería florecer de nuevo.' Colette publicó la carta en su autobiografía y añadió: 'Soy la hija de la mujer que escribió esta carta'."

Claudia Lanfranconi, Sabine Frank, Las mujeres que aman las plantas


(ganas me dan de leer, al fin, la biografía de Colette que lleva 11 años muerta de polvo en la estantería.)